12 nov 2008

una parábola



Desgracia sólo significa que las cosas no encajan con tus deseos; y las cosas nunca encajan con tus deseos, no pueden hacerlo. Las cosas simplemente siguen su naturaleza. Lao Tsé llama a esta naturaleza el Tao. Buda llama a esta naturaleza el Dhamma. Mahavir definió la religión como «la naturaleza de las cosas». No se puede hacer nada: el fuego es caliente y el agua fresca. El hombre sabio es el que se relaja con la naturaleza de las cosas; él sigue la naturaleza de las cosas. Y cuando sigues la naturaleza de las cosas, no lanzas ninguna sombra. No hay desgracia. Entonces, incluso la tristeza es luminosa, incluso la tristeza tiene su belleza. No es que la tristeza no se vaya a presentar; se presentará, pero no será tu enemiga. Serás amigo suyo porque verás su necesidad. Podrás ver su gracia, podrás ver por qué está ahí y por qué es necesaria. He oído una antigua parábola; debe ser muy antigua porque por aquellos tiempos Dios vivía en la tierra. Un día se le acerco un hombre, un viejo granjero, y dijo: —Mira, puede que seas Dios y que hayas creado el mundo, pero tengo que decirte una cosa: no eres un granjero. No conoces ni el ABC de llevar una granja. Tienes algo que aprender.
—¿Qué me aconsejas? —dijo Dios.
—Dame un año de tiempo y durante ese periodo deja que haga las cosas a mi manera para ver qué pasa. ¡La pobreza será barrida de la faz de la tierra!
Dios aceptó: concedió un año al granjero. Naturalmente éste pidió las mejores condiciones: nada de tormentas ni vientos fuertes, ningún peligro para la cosecha. Todo era cómodo, agradable, y él se sentía muy feliz. ¡El trigo crecía tanto! Cuando quería sol, tenía sol; cuando quería lluvia, tenía lluvia, toda la que quería. Aquel año todo era correcto, matemáticamente correcto. Pero cuando se cosechó, no había nada dentro del trigo.
El granjero estaba sorprendido. Y preguntó a Dios: —¿Qué ha pasado? ¿Qué ha fallado?
—Como no había desafíos —dijo Dios—, como no había conflicto ni fricción, como evitaste todo lo malo, el trigo permaneció impotente. Es imprescindible luchar un poco. Las tormentas son necesarias, los rayos y truenos son necesarios. Ellos agitan el alma dentro del trigo.
Esta parábola es de inmenso valor. Si sólo eres feliz y feliz y feliz, la felicidad perderá todo su sentido. Será como si alguien escribiera con tiza blanca en una pared blanca. Nadie será capaz de leerlo. Tienes que escribir en una pizarra negra, entonces se puede leer.
La noche es tan necesaria como el día. Y los días de tristeza son tan esenciales como los días alegres. A esto es a lo que yo llamo comprensión. Una vez que lo entiendes, te relajas; y en esa relajación está la rendición. Dices: «Que se haga tu voluntad». Dices: «Haz lo que te parezca correcto. Si hoy hacen falta nubes, dame nubes. No me escuches, mi comprensión es limitada. ¿Qué sé yo de la vida y sus secretos? ¡No me escuches! Sigue haciendo tu voluntad». Y, poco a poco, cuanto más veas el ritmo de la vida, el ritmo de la dualidad, el ritmo de la polaridad, dejas de preguntar, dejas de elegir.
Éste es el secreto. Vive con este secreto y ve su belleza. Vive con este secreto y de repente te quedarás sorprendido: ¡Qué grandes son las bendiciones de la vida! ¡Cuánto se te está dando a cada momento!

9 comentarios:

la danza de la vida dijo...

Esta Parábola llegó a mi por casualidad, y me ha gustado, como estoy un poco expesa de palabras últimamente, os dejo esto que si no he entendido mal es de OSHO.
Un beso a tod@s

JuanMa dijo...

Sin embargo, yo creo que resistirse, no ceder a ese fatalismo, luchar a pesar de todo también tiene su encanto.
(Vamos, que soy bastante cabezón).
Besos.

la danza de la vida dijo...

todo depende del significado que cada uno le de a sus emociones a las palabras que le pone, amigo Juanma, muchas personas aceptan casi por costumbre estar tristes un día de lluvía, sin embargo es tan necesaria como el sol. Nos pasamos la vida rechazando la tristeza, sin embargo es la que muchas veces nos da alas y consciencia a saber que camino tomar...la vida es esencia por si sóla, tanto cuando le ponemos la etiqueta de feliz o triste. La adversidad es necesaria, lo malo es cuando nos volvemos enemigos de nosotros mismos, que es muchas veces...BEsos...

la danza de la vida dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mamarracho dijo...

wow que interesante. Me gusta cómo escribes lo que decís. Mil besotes :D

El búho rojo dijo...

Sólo la existencia de la sombra, nos hace ser conscientes de la luz

Un beso

fgiucich dijo...

Un parábola que encierra un mensaje para aprenderlo de memoria. Abrazos.

Vanessa dijo...

Me ha gustado mucho esta parábola, me ha hecho reflexionar

la danza de la vida dijo...

Tengo pendiente tu entrada JOSE IGNACIO, prometo leerla y visitarla, un beso.

Me hace mucha gracia tu WOW, MAMARRACHO, y me da no sé qué llamarte mamarracho...en fin, un besote.

Aunque casi nunca estamos deacuerdo en nada amigo BÚHO, cuando lo estamos casi roza el 100%. Un beso.

FGCIUICH: Hay tantos mensajes y tantas lecciones que se me hace corta la vida con todo lo que me queda por aprender..Pero en ello estamos, no?. Besos.

Bienvenida VANESSA, me alegra que te haya gustado, estás invitada siempre que quieras, un besito